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Observatorio Global sobre Convivencia

Políticas

Trabajo decente

Guy Ryder. Director General de la Organización Internacional del Trabajo

Hay más de 200 millones de parados en el mundo y según previsiones basadas en las actuales tendencias económicas la cifra va a seguir aumentando de manera importante. Nos encontramos inmersos en una crisis mundial de empleo. En la Organización Internacional del Trabajo, OIT, tratamos de responder a sus siete desafíos esenciales.

El mayor de ellos es el del empleo decente. Hay que encontrar fórmulas diferentes a aquella que indica que solo se puede conseguir crecimiento del empleo mediante una disminución de su calidad. Nuestra agenda para un trabajo digno busca el pleno empleo, pero con respeto a los derechos de los trabajadores, la protección social y la seguridad en el trabajo.

Otro desafío es el ecológico. Hemos de impulsar una transición hacia un sistema productivo sostenible a largo plazo, pues, no habrá trabajo si el planeta está muerto. Esa transición a la sostenibilidad, ofrece, además, respuestas a los problemas del empleo, no de manera automática, pero sí implementando las políticas adecuadas, políticas de empleo verde.

Un serio reto es el de la problemática generada por las tendencias demográficas globales. Tenemos que mejorar nuestros sistemas de protección social, aún sabiendo que , hoy, acceden a ellos únicamente el 20% de los trabajadores en el mundo. No tenemos que ser testigos del fin del estado del bienestar, tenemos que adaptarlo para fortalecerlo.

Un desafío relacionado con los anteriores es el de la emigración. Hay más de 230 millones de personas que trabajan en países distintos a los suyos de origen. No es posible pensar que los flujos migratorios se van a detener o van a disminuir mediante la aplicación de políticas de reforzamiento de fronteras nacionales. Hay que reforzar la colaboración multilateral para poner los derechos de los emigrantes en el centro del debate y asegurar procesos migratorios ordenados y justos. Eso, hasta ahora, no se ha hecho o se ha hecho mal.

Es importante destacar la importancia de las cuestiones de género. Aunque en la mayoría de los países hay legislación que garantiza “trato igual y pago igual”, hoy, las mujeres cobran un 20% menos que los hombres que hacen el mismo trabajo y su nivel de participación en el mercado de trabajo es de un 48% mientras que los hombres están por encima del 70%.

En la OIT prestamos gran atención al desarrollo tecnológico. Cuando nos planteamos de donde van a venir los empleos del futuro, tenemos que hacer referencia a la tecnología como creadora o destructora de empleo. Estamos al borde de nuevas revoluciones tecnológicas que van a influir poderosamente en el sector manufacturero. Hay que comprender mejor esos procesos y planificar nuestras respuestas.

La desigualdad, en fin, crece en el mundo. Desigualdad entre los estados miembros de nuestra Organización y desigualdad dentro de los países. Muchos de estos procesos tienen sus raíces en la esfera laboral. El porcentaje del PIB mundial que llega a los trabajadores está en disminución. La desigualdad siempre se ha tratado desde criterios de justicia social, pero hay otra perspectiva crecientemente compartida: la desigualdad representa un freno a las posibilidades de crecimiento económico y por tanto, un freno al empleo. Los gobiernos, los agentes sociales, los organismos multilaterales deben abordar conjuntamente la desigualdad.

El “tripartismo” es el modus operandi de la OIT. Una herramienta esencial para el encuentro de soluciones justas y adecuadas. No se puede abordar ninguna crisis pensando que la solución viene del debilitamiento de los actores sociales. El diálogo entre las instituciones democráticas del mundo del trabajo es un valor esencial.